El arte de hoy espacio para el Quijote
El Macay en la Cultura
El arte de hoy, espacio para el Quijote
Autora: María Teresa Mézquita Méndez
Una de las imágenes del Quijote más conocidas, y además muy difundidas en este año del 400 aniversario de la publicación de la novela es la obra de Picasso: Don Quijote, 1955 (actualmente se encuentra el original en el Museo de Arte e historia de Saint Denis). El acierto de esta imagen sin duda es una de las tendencias del arte del siglo XX en los tiempos de don Quijote: la simplificación de las formas a su mínima expresión. La esencia desnuda de ornamentos, el esqueleto de la verdad.
Aunque hay ilustradores, como Antonio Muñoz Degrain, quien entre 1916 y 1919 pintó para la Biblioteca Nacional una serie de escenas sobre el tema en su peculiar estilo colorista y fantástico, los denominadores comunes del arte del siglo XX fueron la decepción y la búsqueda. Ambos rasgos, por tanto, aportaron interesantes resultados a la representación visual de don Quijote.
Por supuesto que la intensidad del siglo anterior, su afán idealista y romántico y su definición preconcebida de la iconografía quijotesca, parecerían haber cancelado toda propuesta de innovación y de sacarle partido a un tema ya entonces trillado, como el de este caballero de la triste figura. Sin embargo, la técnica cambió tanto, con el arribo de los “ismos” y la irrupción del cubismo, el surrealismo y la abstracción que de nueva cuenta el tema parece ser aceptado y bienvenido.
A principios del siglo XX las artes visuales querían alejarse de los referentes narrativos y externos a las motivaciones propias de la pintura. Por ello, parece haber un alejamiento inicial entre los pintores y el motivo quijotesco. Ya con “la sucesión de las vanguardias del siglo XX, hubo un movimiento que volvió a someter lo visual al dictado de la literatura, restaurando la vieja idea del arte como ilustración: el surrealismo. Los surrealistas llevaron a las artes visuales muchos mitos y viejos relatos, y el Quijote, con sus equívocos delirantes entre la literatura y la vida, entre la fantasía y la realidad, tenía que figurar entre ellos” .
Uno de los primeros en aportar esta perspectiva contemporánea de don Quijote fue probablemente André Masson (1896-1987), quien llegó a España en 1934 y se instaló en Tossa del Mar, un pueblo de la costa Brava. Su cuadro, de 1935 (Cleveland Museum of Art) relata el fantasmagórico episodio del encuentro de Don Quijote con el carro o carreta de las “Cortes de la Muerte”.
En ese mismo año de 1937 dedicaba Picasso un dibujo a tinta a las cabezas de Don Quijote y Sancho, donde el escudero aparece de frente en primer término y en cierta medida desplaza a su señor….
Pero en el siglo XX ha de ser Salvador Dalí quien sea el más famoso de todos los ilustradores del Quijote, después de Doré, tal vez por su doble condición de español y surrealista, muy adecuado para la concepción de un personaje con cierta locura. Su serie de dibujos y acuarelas fueron realizados en 1945 para una versión inglesa de la novela cervantina que se publicaría en Nueva York, serie en la que combina motivos estereotipados de su pintura. Una década después, en 1957, recibe el encargo de Joseph Forêt de una serie de litografías para otra edición ilustrada del Quijote en las cuales experimenta nuevas técnicas de trabajo, algunas muy excéntricas como romper sobre las piedras un huevo relleno de tinta o rayar las piedras con un cuerno de rinoceronte o disparar clavos contra las planchas.
Hacia la misma época, el Quijote como tema pictórico viajó a los Estados Unidos a bordo del surrealismo. A mediados de la década de los 40, sorprendentemente, Jackson Pollock pintó un cuadro titulado Don Quixote: una pintura semiabstracta, donde se puede entrever una figura a caballo formada por planos cuadrangulares. No es quizá el mejor de Pollock, a quien reconocemos por otro tipo de trabajos, pero sí es de distinguirse su elección del tema y su forma de resolverlo.
Entre una de las incursiones más recientes, otro artista formado en el surrealismo, Antonio Saura, realizó una serie de 133 dibujos a tinta china, aguada, acrílicos y lápiz, para una edición del Quijote que en 1988 fue premiada por el Gremio de Libreros y el Consejo Municipal de Leipzig.
Ha habido también creaciones escultóricas notables dedicadas al ingenioso hidalgo, como el Don Quijote de Julio González (1929-30), hecho en hierro forjado y soldado, y situado en el Nusée National d’Art Moderne, París, que ya no tiene la intención de representar un episodio concreto del libro de Cervantes, sino una esencia o arquetipo: Su figura se yergue tan tiesa como la lanza que sostiene, pero en contrapunto, el contorno de su cuerpo dibuja una curva panzuda, que deja en medio un gran vacío; esa curva sugiere el grotesco volumen de Sancho Panza, como si escudero y caballero se hubieran fundido misteriosamente en una sola figura.
En 1975, Marc Chagall, el judeo ruso que mezcla la ingenuidad con el fauve desarrolló un Quijote onírico, como si nuestro héroe estuviera rodeado por un sueño en el cual aparecen todos los personajes de su vida como Don Quijote.
Sin embargo, uno de los riesgos de nuestros tiempos ha sido quizá el abuso de la imagen, la proximidad a los excesos y la amenaza del kitch. Es decir, si a fuerza de repetición, hasta la palabra más intensa pierde sentido, la imagen del hidalgo enfundado en la improvisada armadura, cubierta la cabeza por la bacía del barbero, a fuerza de verla y reinterpretarla, por su fácil comercialización, pierde su dimensión de arte visual y comienza a rozar los terrenos de lo chabacano en un fenómeno de sustitución: el souvenir reemplaza a la imagen. Pero dejemos estas discusiones para otros contextos, porque tampoco es censurable per sé la divulgación masiva del estereotipo quijotesco, sea cual fuere el objeto que lo divulga y las características de calidad o buen o mal gusto de éste.
Recientemente, durante el encuentro de Escritores Cubanos y Mexicanos celebrado aquí en Mérida en la unidad de Ciencias Sociales de la UNAM en junio ppdo., el profesor Antonio Baujín, de la Universidad de la Habana, ofreció la conferencia “Don Quijote en Cuba” al término de la cual hizo referencia a interesantes imágenes, monumentos y trabajos realizados en la vecina isla con el tema de la imagen del ingenioso Hidalgo.
En este breve recorrido se omite también un grupo interesantísimo de imágenes quijotescas en otros contextos culturales, incluyendo el oriente medio y el lejano oriente, Europa del este y otros territorios donde la gran novela también ha sido leída y disfrutada, en sus respectivos idiomas.
Se obvia pues, que Don Quijote sigue vivo en el arte contemporáneo, y aunque no sea el motivo más socorrido por los artistas españoles de hoy, sí queda presente en la llamada memoria colectiva de los autores hispanos del siglo XXI. Un año como éste, de conmemoración, fue motivo suficiente para provocar la más fervorosa “quijotemanía” que ha llevado a concursos de toda índole y a exhibiciones también de lo más variadas: por lo menos una treintena de exposiciones de gran envergadura y seriedad se han programado este año en la Península Ibérica más las que no contamos en medianos y pequeños recintos o en otros países. Por lo visto, la atracción para la representación visual se homologa aún a los dos arquetipos de la novela: la noción de dualidad contradictoria y complementaria (Quijote-Sancho, flaco-gordo, alto-bajo) y el brillo centenario de la lúcida locura del idealista.- María Teresa Mézquita Méndez.
SOLANA GUILLERMO. Siglo XX, entre el surrealismo y la abstracción. En: EL CULTURAL. 6-12 enero 2005. P. 34.
Si quieres conocer el Curriculum de la autora
pincha aquí
--
JoseLuisSanchez - 07 Feb 2006
arriba